Toda esta información extra la podremos utilizar para ir descubriendo, en base a lo que estamos viendo, que señuelos inquietan más a ese pez, en que capa de agua parece más confiado o en qué zona se pone más agresivo.
A veces se llega a un punto en el que tenemos en nuestra mano una opción que puede ser ganadora pero en cambio falta “algo”, una pequeña variación, un sutil cambio a veces difícil de apreciar pero que a la postre marcará la diferencia. Pueden ser detalles técnicos, quizás de presentación o pueden ser otro tipo de variables que están relacionados con el comportamiento del pez.

Los pequeños detalles son los que permiten llevar a la mano peces como este.
Respecto a los primeros, hay veces que descubrimos que un determinado señuelo provoca una reacción en el pez pero el pez no acaba de embocar, en estos casos un cambio de color o una presentación con diferentes velocidades puede aportar ese plus necesario.
En ocasiones, esto no es suficiente y es aquí cuando la interpretación del comportamiento de nuestro rival puede marcar notables diferencias. Buscar el punto débil del pez, el momento oportuno y la sorpresa pueden facilitar mucho las cosas.
En cualquier caso es vital estar en contacto visual con el pez permanentemente, esto no quiere decir que estemos encima de él ni que nos olvidemos de la sutileza, más bien todo lo contrario, cuanto más sutiles seamos y más lejos del pez estemos, el pez se sentirá más cómodo y eso siempre juega a nuestro favor, pero no desaprovechemos la oportunidad de ver sus reacciones.

Aunque no tengas el arma deseada, nunca desaproveches una oportunidad.
Por último, aunque sea mínima, siempre es mejor tener una posibilidad que no tenerla. En ocasiones vemos a un pez desplazándose rápido o por diferentes condicionantes apenas lo intuimos. En estos casos no hay tiempo para pensar y hay que actuar muy rápido. Si nos da tiempo a cambiar de caña o presentación, fenomenal, pero no olvidéis que siempre hay una opción si le ponemos un señuelo en su radio de acción, si no lo hacemos, esa opción desaparece.
En demasiadas ocasiones queremos presentar el engaño que posiblemente sea el mejor (o al menos en un principio así lo creemos) pero muchas veces, cuando estamos preparados para hacerlo, ese pez ha desaparecido perdiendo así la que posiblemente fuera la única oportunidad. Por eso, aunque en principio no sea lo ideal, intenta ofrecerle cualquier cosa, siempre es mejor que no hacerlo, procura tenerlo en cuenta.