Cada encuentro con uno de esos peces de aleta caudal tiznada siempre tiene sus peculiaridades. Cada situación es diferente, de algún modo única. La clave para que en un buen porcentaje de estos encuentros salgamos victoriosos será por encima de cualquier cosa, la adaptabilidad y capacidad para amoldarnos adecuadamente a cada situación.
Para lograrlo, debemos apoyarnos en los medios que tengamos en ese momento a nuestro alcance, usándolos de un modo u otro, en base a la multitud de condicionantes que hay en cada lance.

Un gran ejemplar se nos presenta sin previo aviso. Nos ha visto igual que nosotros a él, el duelo es inminente, una ocasión más para seguir recopilando información…
Sí, si… así es. Aunque sea el primer contacto visual, debemos de empezar a intentar extraer toda la información que seamos capaces. ¿Nos ha visto igual que nosotros a él o quizás hemos pasado desapercibidos? ¿Está estático o moviéndose? y si es así, ¿con que actitud o con que intenciones se desplaza?
En muchos casos para un pescador con ciertas tablas y experiencia, este primer contacto puede aportarle mucha información que inmediatamente será analizada de manera automática y le permitirá decantarse por una de las alternativas entre el abanico de opciones que posiblemente ya tiene en su cabeza.

Un momento especial, una ocasión única para aprender más sobre determinados comportamientos y para sacar algunas instantáneas llenas de vida…
Este primer eslabón realmente marca diferencias, si somos capaces de captar la información trascendental, estaremos preparados para unir el siguiente eslabón sobre una base sólida. No es algo que se pueda entrenar o pulir como pudieran ser cualquier otro movimiento propio de la acción puramente de pesca, aquí la experiencia, fruto de muchas horas en el agua, y sobre todo, el estudio de la manera lo más científica posible del comportamiento de todos los peces con los que hemos topado en algún momento de nuestra vida como pescadores, nos permitirán llegar a conocer lo que nos interesa de cada uno de nuestros contrincantes, o al menos intentarlo, pero siempre sobre unos cimientos exentos de suertes y azares.