La Pesca es un Juego de Niños

La Pesca es un Juego de Niños

Apenas habían pasado unas horas desde que había dejado el barco en la cochera después de dos largas jornadas de entrenos, cuando una voz no del todo familiar me explicaba sus intenciones. “Nos gustaría pescar lucios. Somos de Argentina. Estamos en España hasta el sábado y aunque estamos ahora mismo en Santander, estamos dispuestos a cambiar los planes siempre y cuando sea posible pasar una jornada de pesca contigo”.

Después de ver el calendario y comprobar que el viernes ya estaba cubierto y teniendo en cuenta que estábamos a martes, tan sólo cabía la posibilidad de organizar la salida para el jueves. Así se lo comuniqué a Diego y en un visto y no visto empezamos a organizar todo a marchas forzadas para tener todo listo para el día indicado.

Por la noche se fueron puliendo los detalles y al día siguiente, entre poner a punto el equipo – en esta ocasión yo les aportaría todo lo necesario: diferentes conjuntos caña+carrete, señuelos, etc. -, limpiar el barco y dejar todo listo para salir de madrugada hacia el destino elegido, recibí una información que desde el primer momento me cautivo y motivo a partes iguales; íbamos a ser cuatro en el barco pero lo mejor es que aparte de Diego, los otros dos ocupantes, serían dos chicos de corta edad que estaban empezando en este mundillo.

A las ocho y media, como habíamos quedado, ya estaba todo listo para subir al barco. Primeras indicaciones y ponemos rumbo al primer punto que vamos a tocar. Desde el primer momento Diego me dejó claro que el objetivo principal era que Asier y Valen, que así se llamaban los chicos, pudieran disfrutar del día de pesca y si además, lograban conectar con algún pez, pues sería ya estupendo.

Siempre me han gustado los retos y este para mi era uno de los grandes. Aunque el escenario lo tenía controlado, los entrenamientos previos de las últimas dos semanas habían sido productivos y tenía muy claro lo que teníamos que hacer, también sabía que los peces no estaban fáciles – ni siquiera para un pescador de nivel – y había que hacer las cosas muy bien para poder conseguir un buen resultado en cuanto a capturas se refiere.

En este sentido, desde el primer momento, Diego se convirtió en mi gran aliado, atento y pendiente en todo momento de mis indicaciones y demostrando una gran generosidad con los  más pequeños desde el minuto cero. Esto fue vital para que la jornada acabara siendo un rotundo éxito.

En un principio, no teníamos previsto que Axier, el más pequeño e “inexperto” – este era su tercer día que empuñaba una caña, si contamos un día que practicó un poco el lance en un parque y un segundo, intentando pescar caballas durante algunas horas – pescara, pero “por si acaso”, yo metí un equipo extra. La idea era que cuando Diego clavara algún pez le pasara la caña a Axier para que lo luchara y lo disfrutara. Así fue exactamente como sucedió con el primer pez del día, el más pequeño de los benjamines acabó la jugada y el primer lucio del día ya estaba en el barco.

pesca y naturaleza con niños

La jornada empezaba bien, el día prometía.

Tras esta primera alegría generalizada y viendo que Diego se iba acomodando a unas condiciones totalmente nuevas para él y que su hijo Valen iba poco a poco cogiendo soltura con el equipo de casting, no pude aguantarme más: “Diego, ¿qué te parece si le preparo este equipo a Axier, yo me centro en él y tú estás pendiente de Valen?”.

Llevaba tiempo observando a Axier y era evidente que según pasaban los minutos, su inquietud y curiosidad, iban creciendo por momentos, así que en cuanto escuchó un “Venga, me parece perfecto”, sus ojos empezaron a tomar vida propia.

Un poco de teoría y a los pocos minutos Axier ya recogía sin ayuda después de que yo hubiera realizado el lance, pero mi objetivo era lograr que al menos sintiera un pez al otro lado de la caña, incluso si la cosa iba bien, íbamos a intentar que realizara sus primeros lances con un equipo de casting que era el conjunto que desde el minuto cero estaba utilizando.

Mientras tanto, los puntos seleccionados no estaban defraudando y en casi todas las paradas que realizábamos había acción. Valen se estrenó con su primer lucio clavado de nuevo por su padre y poco después fue Diego el que se hizo con un nuevo ejemplar pero esta vez ya era un pez de calidad.

pesca en ricobayo

La generosidad y el buen hacer de Diego fué crucial. Además, él también logró un lucio para recordar. 

Cada tripulante del barco iba cumpliendo su cometido. Las picadas se iban sucediendo aunque como era lógico, algunas no se lograban materializar. De nuevo era Diego quien clavaba y esta vez era Axier el que cogía el testigo y se hacía con su segundo lucio del día. Antes de parar a comer y hacer un descanso, Axier lograba hacerse con el primer barbo del día. Las pasó canutas para aguantar todas carreras pero finalmente lograba subirlo al barco sin ninguna ayuda y en cuanto lo pudo tocar con sus manos, un estallido de adrenalina se apoderó de sus todas constantes vitales.

Todo estaba funcionando a la perfección, incluso mejor de lo previsto. Tocaba hacer una parada, reponer fuerzas y reposar un poco la comida a la sombra de unos chopos. Todavía nos quedaban unas cuatro horas de pesca por delante y zonas interesantes por tocar.

Al poco de empezar la sonda nos indicaba que estamos encima de una buena concentración de barbos. Era exactamente lo que venía buscando ya que podía ser una gran alternativa para que los peques disfrutaran con las carreras de estos torpedos. Además podríamos seguir perfeccionando algunas cosas y analizando algunos detalles en la sonda.

A partir de ese momento los lances se suceden y las emociones se escurren por cada rincón del barco. Diego sigue clavando peces y Valen acaba la mayoría de estos lances. Valen logra levantar sus primeros peces clavados y trabajados por él mismo. Axier no se queda atrás y logra hacerse con varios barbos los cuales empiezan a dejarle físicamente tocado.

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Las horas centrales del día fueron muy productivas y los barbos hacían acto de presencia prácticamente en cada lance.

Aprovechamos el momento para relajarnos un poco y empezar con las clases de lance. Axier había cogido ya cierta soltura, yo ya sólo estaba pendiente y supervisaba lo que hacía, él se encargaba del resto: abrir pick up, dejar caer el señuelo, iba viendo como caía en la sonda hasta donde se encontraban los peces, recogía y cuando tocaba, los clavaba y luchaba como si lo hubiera hecho toda la vida. Lo veía preparado y sobre todo lo veía con una actitud inmejorable para al menos intentarlo.

Entre lo crecido y motivado que estaba por todas las capturas que ya había logrado y la soltura que había demostrado, no me sorprendió demasiado que en apenas quince minutos y unas cuantas indicaciones, ya estuviera haciendo lances más que aceptables para su edad y sobre todo, por la total inexperiencia que tenía con estos equipos. Existía una posibilidad, pero cuando lo veía lanzar tanto de izquierdas como de derechas a su manera y como si tal cosa, no podía menos que esbozar una sonrisa de esas que no se pueden disimular y pensar para mis adentros, “pero será cabrón el renacuajo este”. Por su parte, Valen, iba soltándose cada vez más y ya era capaz de realizar muy buenos lances de manera regular.

Después de este intervalo en el que todos disfrutamos como enanos y habiendo sumado ya un puñado considerable de capturas con varios dobletes incluidos, decidimos hacer un movimiento para intentar dar con algún lucio de calidad, con la ilusión de poder poner la guinda al pastel.

Apenas habíamos hecho un par de lances en el punto elegido cuando Axier grita “¡Tengo otro! ¡Otro, otro, otro! ¡Este es muy grande!”, y aunque cada vez que clavaba casi siempre decía lo mismo embriagado por la emoción y la fuerza que todos estos peces desarrollaban en sus pequeños brazos, esta vez no tardé en darme cuenta de que estaba en lo cierto y que lo que tenía al otro línea era un lucio de mucha calidad. La pelea fue realmente intensa, en algunos momentos incluso pensé que no lograría vencerlo ya que llevaba muchas batallas a sus espaldas y esta, estaba siendo agotadora, pero finalmente con mucha garra y sin ningún error, logró subirlo arriba él solito. Un pez precioso que estuvo muy cerca de llegar a la barrera mágica del metro de longitud y que posiblemente – ojalá me equivoque – será el récord de Axier durante mucho tiempo.

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Esta fué la guinda a otra jornada de pesca más, imposible de olvidar.

A pesar de las altas temperaturas típicas de estas fechas y habiéndose cumplido ya el tiempo de pesca, los tres mosqueteros decidieron pescar una hora más que aprovecharon para redondear los números, aunque estos también acabaron doblegando físicamente a los más pequeños después de una larga jornada en el agua y muchas batallas acumuladas a sus espaldas. Aun así, las caras con las que volvimos a la rampa no podían disimular la jornada que habíamos vivido. Sencillamente, no podíamos pedir nada más.

Hace tiempo imagine lo que se sentiría al recibir a pescadores de diferentes partes del planeta y poder disfrutar de jornadas de pesca a su lado. Aprender de sus culturas, formas de vivir y maneras de interpretar la pesca. Compartir nuestra pasión, anécdotas y experiencias, y entregarles todo lo que estuviera de mi mano para que conocieran la riqueza y el potencial que hay en nuestro país y en estas aguas. Creo recordar que aún antes de esto, pensé como de brutal sería poder despertar en un niñ@, pongámosle “de ciudad”, el pescador que todos llevamos dentro; enseñarle desde cero y que hasta quizás, después de unas horas de aprendizajes, fuera capaz de lograr alguna captura y entre tanto, mostrarle algunos valores – trascendentales o quizás no tanto – relacionados de una manera íntima con la pesca y la naturaleza, que le permitieran en un futuro valorar o ver la vida de una manera distinta a la de los demás.

Hace ya varios años empecé a trabajar para que un día todo eso fuese una realidad y hoy que ya no lo tengo que imaginar, puedo afirmar que aun teniendo muy claro que esto es sólo un paso más, estoy flotando en un planeta que ojalá, algún día, todos podamos encontrar.

– Algunas fotos del día –

2018-08-28T17:38:57+00:00 28/08/2018|Barbo, Crónicas, Lucio|