Jornada de Pesca Inolvidable

Jornada de Pesca Inolvidable

Sin lugar a dudas, el mejor día de pesca de mi vida. Estas fueron las palabras con las después de varios intentos, David intento definir una jornada vibrante, llena de emociones y con unos números espectaculares. Escuchar algo así, de la boca de alguien que lleva pescando toda su vida, es algo que para mi, tiene un valor incalculable.

Después de una primera visita con su padre y un amigo, David volvía a confiar en nosotros para disfrutar de una nueva jornada de pesca pero esta vez en solitario. En esta ocasión su objetivo era hacerse con sus primeras luciopercas y con ese objetivo empecé a plantear los entrenamientos previos. Después de varias jornadas irregulares y no demasiado fructíferas, por fin logré localizar alguna zona con una concentración importante de luciopercas. Sabía que tenía algo potente que difícilmente defraudaría.

A pesar de ello, y aun sabiendo del potencial que tenían sobre todo dos de las zonas que había controlado durante las últimas semanas, siempre suelo ser cauto – a veces en exceso – e intento no dejarme llevar por ese lado más pasional que rodea a una afición como esta. Si tienen que venir, prefiero que las sorpresas sean agradables a que unas expectativas muy altas se conviertan en decepciones. Pesca es pesca y a veces hasta en el mejor de los casos y habiendo hecho todo perfecto, las cosas pueden cambiar en muy poco tiempo.

Una vez acordado el día y hora de encuentro y tras explicarle a David las alternativas que teníamos, como estaban los peces, posibles estrategias a seguir y señuelos que utilizaríamos, llegó el gran día.

Los reencuentros siempre son agradables pero si además es con una persona con la que ya has pasado una jornada de pesca en el barco y con la que has creado un feeling especial, lo es mucho más aún. Yo intentaba aguantar la compostura y hacía todo lo posible por no irme de la lengua. Sólo miraba de vez en cuando la cara de David llena de entusiasmo y solo me decía por dentro “ojalá todo salga como espero”.

Tenía muy claro lo que teníamos que hacer, dónde y el cómo. Ya en la primera zona elegida le explique al que hoy iba a ser mi compañero de barco de forma práctica, algunos detalles respeto al tipo de pesca que íbamos a utilizar (pesca en vertical) a interpretar correctamente la sonda y algún que otro detalle relevante más. La suerte estuvo de mi lado y la fortuna permitió que el final de una charla teórico-práctica de unos quince minutos, acabara con la primera lucioperca en el barco, después de verla aparecer en la sonda, ponerle el señuelo en su radio de acción y verla atacar en la pantalla. Un lance que creo, ninguno de los dos olvidaremos.

David pronto empezó a poner en práctica todo lo que le había explicado y visto con sus propios ojos y no tardo en empezar a conectar con los primeros peces. Me resulta imposible explicar el cúmulo de sensaciones y emociones al ver tantas cosas llenas de verdad en sus ojos cada vez que corría por el barco de un lado para otro desorbitado.

Cuando después de muchas horas en el agua, días duros o pocos productivos, logras dar con algo potente y el día señalado sale como esperas, todo tiene un sabor especial y, sencillamente, no se puede pedir nada más. El resto de la jornada fue todo un disfrute, David sacando luciopercas y yo gozando con cada lance al menos tanto como él. Entre medias, consejos para mejorar o profundizar algunas cosas, anécdotas, charlas enriquecedoras y sensaciones de esas que por decreto sin ley, deberían de quedarse siempre en el agua.

Las nueve horas pasaron volando, los números hacía tiempo que los habíamos olvidado – qué más da cuando se cuentan por docenas – tocaba despedirnos hasta la próxima, David con el rostro cariacontecido por la jornada que había vivido y yo tremendamente feliz por él, y satisfecho y orgulloso conmigo mismo.

Tocaba pensar ya, en el que iba a ser, mi próximo destino.

– Algunas fotos del día –

2018-07-30T20:37:30+00:00 30/07/2018|Crónicas, Lucioperca|